
Un viejo amigo mío
es un artista que dibuja palomas de la paz.
Yo nunca he dibujado palomas de la paz,
así que me enviaron a la guerra,
y pasé frío, hambre y miedo
hasta que me mataron.
Lejos del frente de batalla,
mi amigo dibujó palomas
que volaban en todos los carteles de guerra.
Un día se lanzaron
a cubrir con sus alas de papel las trincheras,
y se firmó la paz.
Yo no lo pude ver porque ya había muerto
y mi amigo se hizo muy famoso.
Nosotros los cadáveres,
los muertos de la guerra, no seremos famosos.
Somos desconocidos,
todo lo más se sabe el nombre
de los que no perdieron su chapa en los combates.
Y estamos muy incómodos.
Apenas si podemos respirar
hacinados aquí en la fosa común.
Y ya comienza a oler a carne putrefacta.
Pero están construyendo un cementerio
y nos han prometido nichos individuales.
De la decoración se encargará mi amigo,
le han pedido que esculpa una enorme paloma.
Del libro: Por la Red y las Antologías










